REFLEXIONES

REFLEXIONES

ENERO-FEBRERO 2018

¡Saludos de parte del pastor Juan Elías y uno de los grupos de discipulado desde el lado oriente de Venezuela!

Como grupo de líderes, hemos estado revisando varios puntos de la función de nuestras iglesias. Este proceso ha servido para edificación de nosotros (un grupo de 12 hombres/pastores) al estar estudiando el libro: Las Lágrimas en el Camino de Mileto. En una reunión reciente lo siguiente fue compartido por los hermanos:

“A pesar de que hemos leído y sabemos las escrituras, es increíble cómo hemos logrado otras perspectivas al estar considerando los retos en el libro. El Señor nos ha hecho ver muchas cosas y esto nos ha motivado a revisar cada aspecto de la vida personal como también la de la iglesia para que el Señor sea el principal personaje en TODO. Todos podemos servir y participar en el discipulado, siendo discípulos y en el discipular a otros. Vemos con más claridad que hay formas que ayudan a tener una buena función en la iglesia y en el discipulado, y hay formas que limitan o imposibilitan la buena función. Lo importante siempre es la función.

El discipulado incluye muchas cosas, envolviendo esta cuestión sobre las formas que hemos practicado en el discipulado. Charlamos sobre los cambios que vamos a llevar a cabo y cómo. Estamos pensando, orando, y viendo qué hacer. Varios vamos a empezar los cambios en las obras nuevas donde la gente no está tan contaminada con ideas religiosas.”

La charla en este grupo del pastor Juan Elías nos sirve para introducir una porción de la lectura que el grupo había revisado: Las primeras dos páginas del capítulo “La Forma y Función de la Iglesia”, páginas 217-218.

De todas las cuestiones relacionadas a la iglesia como organismo, hay dos en particular que son fundamentales y que deben ser entendidas por todos nuestros miembros. Estas dos cuestiones son las que están relacionadas con la función y la forma de la iglesia. Las cuestiones relacionadas con la función de cualquier asamblea son las más importantes, pues si ignoramos su función (que es su propósito) sólo nos quedará una forma muerta. Nuestro Dios nos ha dejado en claro varios asuntos relacionados con Su deseo en cuanto a la función de Su iglesia. Sin embargo, en cada lugar, en cada cultura y en cada generación pueden variar las formas de cómo la iglesia lleva a cabo esta función.

Nuestro Dios nos ha mostrado claramente su propósito para la iglesia, de cómo debe funcionar, pero no nos dejó una estructura estricta de las formas de cómo organizarnos en estos propósitos y funciones. Aquí encontramos una gran encrucijada en el camino. La iglesia debe escoger su destino, su futuro, y enfrentarse con el porqué de su existencia. Cada congregación escogerá entre dos opciones:

1. Buscará las mejores formas para reflejar los propósitos de Dios dentro de su contexto cultural

2. Adoptará caminos muertos, religiosos e institucionales.

Algo curioso es el hecho de que existen muchísimas iglesias que junto con sus pastores se preocupan profundamente por mantener las formas tradicionales de la iglesia, mientras parecen desinteresados en si la iglesia realmente tiene una función o no; aparte de tener reuniones cada semana.

La iglesia puede pasar meses, hasta años y aun décadas sin que la congregación se involucre ministrando a los necesitados, apoyando a la obra misionera transcultural, enseñando personalmente a los que no han entendido la Palabra, etc. Hay congregaciones donde los mismos pastores poco ministran fuera del ambiente “clínico” o “estéril” del “santuario” o de su oficina. No les interesa funcionar con un ministerio dentro de la oscuridad del mundo puesto que están amarrados a una forma de “iglesismo” que les mantiene sin una función dinámica en la vida y mundo real.

REFLEXIONES

La REFLEXIÓN para este mes nos viene de parte de nuestros hermanos Poncho e Ivanna, desde la ciudad venezolana de Maracaibo:

“Para tener una vida de comunión con Dios y una vida de ‘santo’ es muy necesario hacerlo en ‘la hora silenciosa’… Aborrecer a los impíos y alejarse de todo lo impuro”

Quien no conozca a Oscar Tovar, pensará que estaba hablando en serio. Pero quienes tenemos el privilegio de conocerlo sabemos que es en broma.

Hace poco tuve el privilegio de estar junto con grandes amigos en un tiempo de refrigerio espiritual en la finca de nuestro queridísimo amigo Oscar. Lo que al principio sería una visita amena se convirtió en un gran bálsamo refrescante que impactó nuestras vidas y nos retó a vivir una vida en dependencia de nuestro Señor.

Su enseñanza durante los días que estuvimos con él fue acerca de la importancia de tener una vida de comunión con nuestro Señor, pero más allá de lo que es común y trillado; me hizo ver de una manera tan sencilla y digerible su gran importancia.

Para tener vida y comunión con el Señor no es necesario “flotar en las nubes” y someternos a rituales místicos que parecieran muy “santos y religiosos”, pero que tarde o temprano terminan siendo una pesada carga y un conjunto de reglas que son prácticas infructuosas que no terminan en nada.

Desde el principio y basándonos en los atributos de nuestro Magnifico Dios, Oscar enseñó que Dios creó al hombre para tener una relación genuina, una relación fluida de manera que los canales de comunicación se mantuvieran abiertos las 24 horas del día. Por causa del pecado, la relación fue rota. Todos sabemos lo que Su historia nos dice y enseña acerca del Redentor quien dio su vida para restaurar de nuevo la relación. ¿Sencillo? Pero es una verdad de mucha profundidad…

Cada uno de nosotros fue creado de manera única y particular. Tenemos huellas digitales únicas en el mundo entero, un ADN único en el mundo entero, un iris ocular único en el mundo entero, una voz única en el mundo entero y un olor corporal que es único en el mundo entero. ¿La razón? Dios desea una relación única y genuina con cada uno de nosotros. Desea que tengamos una vida en dependencia de Él que le sirvamos y que le adoremos.

Así como en el principio había un árbol que proveía vida y otro que traía muerte. Todo el asunto se resumía en una decisión. Hoy en día y todos los días de nuestras vidas, batallamos en el asunto de las decisiones. ¿Qué decidiremos hoy?

Las decisiones se resumen en escoger para vida:
• Dependencia de Dios
• Una vida de adoración genuina
• Una vida de servicio
• Una vida que se sacia con el conocimiento que Dios provee (Su palabra)

O por el contrario la muerte:
• Independencia y autonomía
• Auto-conocimiento
• Filosofía
• Auto-adoración
• Auto-servicio

La vida cristiana debemos vivirla en dependencia de Dios y no en nuestras propias fuerzas…

Que enseñanza tan sencilla y digerible… pero es interesante como muchos hermanos hoy en día se empeñan en añadir pesadas cargas a las vidas de muchas personas por el hecho de “agradar a Dios”… tarde o temprano sus vidas reflejan la frustración e impotencia de no poder agradar al Creador.

Tocante a este punto referente a la vida En Cristo me hizo pensar y reflexionar en un tema encontrado en el libro Las lágrimas en el camino de Mileto en las páginas 175-179 bajo el título: “Advertencia en cuanto a la suciedad de la religiosidad”.

Veo con mucho ánimo que nuestro liderazgo pueda invertirse bien y de manera sabia en una sana enseñanza en cuanto a la libertad que Cristo nos otorgó en la cruz del calvario. Esa misma libertad es la única y verdadera motivación para un servicio genuino en Su obra.

Dios les bendiga

Poncho e Ivanna Durán
Maracaibo-Venezuela
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Las lágrimas en el camino de Mileto en las páginas 175-179 bajo el título: “Advertencia en cuanto a la suciedad de la religiosidad”.

Advertencia en cuanto a la suciedad de la religiosidad
Nuestro fuerte y valiente hermano Pablo se llenó de tanta tristeza que lloraba al pensar en cómo las formas religiosas, y tan sutiles, pueden desviar a la gente de lo verdadero, de la función correcta. Pablo se preocupó mucho por los hermanos en cuanto a esa carnalidad arrastrada por aquellos que tienen su mirada en el egoísmo de los criterios pasados.

Hablando a los filipenses, acerca de los religiosos, Pablo dijo: “cuídense de los perros…” o “cuídense de esa gente despreciable…”. Pablo sabía muy, muy bien de los peligros de la religiosidad y quería proteger a sus queridos hermanos de esa suciedad contagiosa. Luego les dijo: “Hermanos, sigan mi ejemplo y fíjense también en los que viven según el ejemplo que nosotros les hemos dado a ustedes. Ya les he dicho muchas veces, y ahora se lo repito con lágrimas, que hay muchos que están viviendo como enemigos de la cruz de Cristo y que acabarán por ser destruidos. Su dios son sus propios apetitos, y sienten orgullo de lo que debería darles vergüenza. Solo piensan en las cosas de este mundo” (Filipenses 3). Hermanos, estos mismos peligros cancerosos nos rodean hoy. Solo que están envueltos en paquetes diferentes, pero siguen siendo atractivos aunque a la vez destructivos. ¡Tengan cuidado de no olvidar lo qué es la iglesia – el cuerpo de Cristo! Debe ser protegida y los líderes deben ser buenos mayordomos y no dejarla contaminarse con los restos de “Egipto”, con la sucia religiosidad.

Consejo relacionado al trabajo con hermanos religiosos o legalistas
Bueno hermanos y amigos, hay que ser sabios, activos, interesados y maduros para poder ayudar a cada uno a revisar sus fundamentos. Cuando vienen individuos “nuevos” a ustedes, presentándose como hermanos, pueden ser momentos emocionantes. Sin embargo, por más espiritual que hable ese nuevo amigo, ustedes no tienen la menor idea sobre sus fundamentos, criterios, valores, actitudes y propósitos. Eso no quiere decir que dicho individuo no sea honesto, o que no sea un creyente de verdad, o que no sea digno de confianza. Lo único que significa es que ustedes no tienen una base, criterio o historia, todavía, para determinar nada en cuanto a la persona.

Puede ser que sea un creyente sólido, sano, humilde y con un deseo sincero de integrarse a la congregación con ustedes, pero también puede ser un compañero que está lejos de la salvación y a la vez envuelto en una profunda esclavitud religiosa. Puede ser uno que ha pasado tiempo en un lugar religioso tradicional y que ha aprendido todo en cuanto a cómo hablar, qué decir, cómo actuar y cómo presentarse “cristianamente”. Quizás esté buscando aceptación, amor y amigos. Esto está muy bien, pero el mejor amor y los mejores amigos son los que se interesan por la vida eterna del compañero y no les basta con que haya aprendido cómo hablar o cómo portarse “bien” en un culto.

Este punto es sumamente importante para nuestras iglesias. Cuando lleguen individuos de otras iglesias “como hermanos”, es recomendable darles todos los estudios de Edifiquemos Sobre Cimientos Firmes antes de contarlos formalmente como sus hermanos. Esta recomendación no es nada legalista. Si de veras vienen como personas salvas, el repaso de la historia bíblica les reanimará y reafirmará en su fe.

El propósito de ustedes no es someterlos a un sistema legalista de rangos para después “calificarlos” como hermanos. El servicio de ustedes es darles a ellos la misma oportunidad que tuvieron ustedes de repasar la historia de Dios de manera clara y entendible. Los estudios y charlas que tendrán con ellos les darán a ustedes la oportunidad de tratar de ser de bendición para estos nuevos amigos, mientras que los están conociendo mejor.

No perderán nada en invertir ese tiempo en ellos. Si ya son creyentes entonces apreciarán su atención, amor y el tiempo dedicado personalmente a ellos.

Si son individuos que nunca han oído y entendido el mensaje de Dios, y que nunca han captado el significado de las Escrituras y la vida de Jesús para la humanidad, entonces esta inversión de tiempo es más importante todavía. Puede terminar siendo para sus vidas una revelación tan impactante como la visita de Nicodemo a Jesús (Juan 3), llevándoles al camino de la Vid Verdadera, lejos del camino de la religiosidad del que posiblemente vienen.

Hermanos, estos consejos les pueden servir como unas sugerencias sanas, de ayuda y beneficio. De ninguna manera son de carácter legalista. Piénsenlo bien y no busquen atajos en la obra, especialmente cuando se trata de alguien llegando a ustedes de otro lugar.

Estas son mayordomías importantes para la congregación y, para los dirigentes, pruebas de integridad y sabiduría. No sean prontos para hacer las cosas sin considerarlas bien, pues implica más esfuerzo y tiempo reconstruir las cosas mal hechas que edificarlas bien la primera vez. No estarán perdiendo el tiempo y no perderán ninguna bendición haciendo las cosas de esta manera.

Al contrario, darán mayor seguridad y firmeza a los fundamentos y edificación de toda la congregación, junto con sus ministerios y obras misioneras.

REFLEXIONES

En esta REFLEXION tenemos el honor y el gusto de recibir estas palabras de unos jóvenes, un matrimonio de los recién graduados del Centro de Formación Misionera en Trujillo, Venezuela. Hemos tenido el privilegio de ver de cerca el desarrollo de estos jóvenes desde hace varios años y apreciar su dedicación, servicio y madurez espiritual en todas las áreas de sus vidas. Damos muchas gracias a Dios por las vidas de Poncho e Ivanna Durán, de Maracaibo, Venezuela.
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“¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros?…”
Esta fue la pregunta que Dios le hizo al profeta Isaías cuando lo invitó a participar en Su obra. Después de haber visto la Gloria de Dios y Su majestad, y haber reconocido su naturaleza de pecador impotente; y al reconocer esto, un ángel del Señor, con un carbón encendido, tocó su boca para señalar que sus pecados ya habían sido perdonados.

Es interesante ver que muchas personas lo catalogan como un llamado súper especial, hablan de este llamamiento como algo impuesto por Dios, como algo a lo cual Isaías no podría rehusarse. Pero cuando observamos en la Escritura, vemos claramente que Dios está haciendo una pregunta indirecta…esto nos hace pensar que cualquier otro pudo haber aceptado la tarea. Isaías aceptó, considerándolo un privilegio que no tiene precio, expresando: “Heme aquí, envíame a mí. ”

Nos hace pensar que hoy también, el Señor, a los que hemos reconocido nuestro pecado y a los cuales nos ha perdonado a través del sacrificio de Jesús, también nos está brindando esta oportunidad.

Dios sigue haciendo el mismo llamado hoy en día… ¿quién irá…? Pero también, ¿quién se ofrecerá?

Nosotros como iglesia venezolana tenemos una gran oportunidad de ofrecernos voluntariamente para este privilegio, como Isaías, para llevar el mensaje de esperanza a los que nunca han tenido oportunidad, aquellos que viven en tinieblas espirituales.
Es bien sabido que en nuestro país estamos pasando por una crisis sin precedentes, donde las “garantías básicas” (Alimento, medicina, seguridad) que debería ofrecer cada país son casi imposibles. Sin embargo nosotros queremos seguir viendo las cosas desde la perspectiva de Dios.

En estos días muchos hermanos de diferentes iglesias se están uniendo a los más de 2 millones de venezolanos que están abandonando el país por “buscar un mejor futuro”. Esto nos ha dejado pensando y meditando sobre el texto mencionado: ¿Quién irá a los necesitados en Venezuela? ¿Quién llevará el evangelio a los perdidos?

Hace poco, un amigo pastor me compartía algo diciéndome: “¿Por qué cambiar lo eterno por lo temporal? 10, 20 o 30 años de “mejor futuro” en otra parte. ¿Y los no alcanzados en nuestro país? ¿Quién irá por ellos?”

Reconozco que como creyente aquí en Venezuela no es muy sencillo digerir estas cosas, pero sigo pensando qué mejor manera de ver las cosas que desde la perspectiva de Dios y su amor por los no alcanzados en nuestro bello país.

En la carta-libro “Las lágrimas en el Camino de Mileto,” en las páginas 167-168 bajo el título El discipulado-tiempo, inversión y esfuerzo, hemos relacionado parte de estos pensamientos con nuestras vidas, por su estrecho vínculo en tener una correcta perspectiva en el enfoque y en la función de la iglesia; así como en la vida discipular, en el servicio y en la entrega de cada creyente.

Creemos firmemente que es un serio desafío a la realidad que como iglesia venezolana estamos enfrentando. Esperamos que sea de mucha bendición para todos ustedes en los países donde cada uno está sirviendo.

Dios les bendiga,
Poncho e Ivanna Durán
Maracaibo, Venezuela
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“Las lágrimas en el Camino de Mileto,” páginas 167-168
El discipulado – tiempo, inversión y esfuerzo
¡Allí está el motivo por el cual hay tan poco interés en la obra misionera! Se requiere demasiado tiempo, inversión y esfuerzo. ¡Mejor llevar a cabo una campaña, hacer una “invitación” cuando parece ser el momento más emotivo, tirar unos folletos al aire y ya, a correr! Piensen, hermanos, en cuanto a lo que implica lo que vimos, en Mateo 28:19-20, del discipulado.

Parte del discipulado implica la necesidad de una estrategia, tiempo y relaciones personales. Las primeras palabras de Mateo 28:19-20, “Vayan, pues, a las gentes de todas las naciones…”. Estas primeras palabras implican tiempo y entrega. Cuando la iglesia se enfoca en ir a “las gentes de todas las naciones”, se requiere una congregación comprometida a largo plazo. El trabajo principal es el de hacer discípulos (de Jesús).

¿Y qué hace el nuevo discípulo inmediatamente? El nuevo discípulo se “identifica” con el Dios del cielo por medio del bautismo. Todavía hay más trabajo que hacer después de “los bautismos”. Luego viene la tarea de enseñarles todo el consejo de Dios. Esta “enseñanza” no puede ser sólo académica, sino también por medio del ejemplo. Pablo dijo: “Así pues, les ruego que sigan mi ejemplo”. Nuestro hermano Pablo puso constantemente su vida como ejemplo a seguir, y nosotros humildemente debemos hacer lo mismo dando un buen ejemplo a seguir.

La iglesia se edifica dentro, y se propaga afuera. La iglesia es el cuerpo de Cristo, y dentro del cuerpo cada miembro funciona para bien y edificación de los demás miembros. Las reuniones de la iglesia no son para invitar a los inconversos y evangelizarlos sino para edificar a los hijos de Dios y capacitarlos para el trabajo del evangelio fuera. La función de la iglesia en el mundo es la reproducción y multiplicación del amor, verdad y vida de Dios por medio de discípulos que hacen discípulos.

REFLEXIONES

En esta REFLEXION tenemos el honor y el gusto de recibir estas palabras de unos jóvenes, un matrimonio de los recién graduados del Centro de Formación Misionera en Trujillo, Venezuela. Hemos tenido el privilegio de ver de cerca el desarrollo de estos jóvenes desde hace varios años y apreciar su dedicación, servicio y madurez espiritual en todas las áreas de sus vidas. Damos muchas gracias a Dios por las vidas de Poncho e Ivanna Durán, de Maracaibo, Venezuela.

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“¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros?…”

Esta fue la pregunta que Dios le hizo al profeta Isaías cuando lo invitó a participar en Su obra. Después de haber visto la Gloria de Dios y Su majestad, y haber reconocido su naturaleza de pecador impotente; y al reconocer esto, un ángel del Señor, con un carbón encendido, tocó su boca para señalar que sus pecados ya habían sido perdonados.

Es interesante ver que muchas personas lo catalogan como un llamado súper especial, hablan de este llamamiento como algo impuesto por Dios, como algo a lo cual Isaías no podría rehusarse. Pero cuando observamos en la Escritura, vemos claramente que Dios está haciendo una pregunta indirecta…esto nos hace pensar que cualquier otro pudo haber aceptado la tarea. Isaías aceptó, considerándolo un privilegio que no tiene precio, expresando: “Heme aquí, envíame a mí. ”

Nos hace pensar que hoy también, el Señor, a los que hemos reconocido nuestro pecado y a los cuales nos ha perdonado a través del sacrificio de Jesús, también nos está brindando esta oportunidad.

Dios sigue haciendo el mismo llamado hoy en día… ¿quién irá…? Pero también, ¿quién se ofrecerá?

Nosotros como iglesia venezolana tenemos una gran oportunidad de ofrecernos voluntariamente para este privilegio, como Isaías, para llevar el mensaje de esperanza a los que nunca han tenido oportunidad, aquellos que viven en tinieblas espirituales.

Es bien sabido que en nuestro país estamos pasando por una crisis sin precedentes, donde las “garantías básicas” (Alimento, medicina, seguridad) que debería ofrecer cada país son casi imposibles. Sin embargo nosotros queremos seguir viendo las cosas desde la perspectiva de Dios.

En estos días muchos hermanos de diferentes iglesias se están uniendo a los más de 2 millones de venezolanos que están abandonando el país por “buscar un mejor futuro”. Esto nos ha dejado pensando y meditando sobre el texto mencionado: ¿Quién irá a los necesitados en Venezuela? ¿Quién llevará el evangelio a los perdidos?

Hace poco, un amigo pastor me compartía algo diciéndome: “¿Por qué cambiar lo eterno por lo temporal? 10, 20 o 30 años de “mejor futuro” en otra parte. ¿Y los no alcanzados en nuestro país? ¿Quién irá por ellos?”

Reconozco que como creyente aquí en Venezuela no es muy sencillo digerir estas cosas, pero sigo pensando qué mejor manera de ver las cosas que desde la perspectiva de Dios y su amor por los no alcanzados en nuestro bello país.

En la carta-libro “Las lágrimas en el Camino de Mileto,” en las páginas 167-168 bajo el título El discipulado-tiempo, inversión y esfuerzo, hemos relacionado parte de estos pensamientos con nuestras vidas, por su estrecho vínculo en tener una correcta perspectiva en el enfoque y en la función de la iglesia; así como en la vida discipular, en el servicio y en la entrega de cada creyente.

Creemos firmemente que es un serio desafío a la realidad que como iglesia venezolana estamos enfrentando. Esperamos que sea de mucha bendición para todos ustedes en los países donde cada uno está sirviendo.

Dios les bendiga,
Poncho e Ivanna Durán
Maracaibo, Venezuela
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“Las lágrimas en el Camino de Mileto,” páginas 167-168
El discipulado – tiempo, inversión y esfuerzo
¡Allí está el motivo por el cual hay tan poco interés en la obra misionera! Se requiere demasiado tiempo, inversión y esfuerzo. ¡Mejor llevar a cabo una campaña, hacer una “invitación” cuando parece ser el momento más emotivo, tirar unos folletos al aire y ya, a correr! Piensen, hermanos, en cuanto a lo que implica lo que vimos, en Mateo 28:19-20, del discipulado.

Parte del discipulado implica la necesidad de una estrategia, tiempo y relaciones personales. Las primeras palabras de Mateo 28:19-20, “Vayan, pues, a las gentes de todas las naciones…”. Estas primeras palabras implican tiempo y entrega. Cuando la iglesia se enfoca en ir a “las gentes de todas las naciones”, se requiere una congregación comprometida a largo plazo. El trabajo principal es el de hacer discípulos (de Jesús).

¿Y qué hace el nuevo discípulo inmediatamente? El nuevo discípulo se “identifica” con el Dios del cielo por medio del bautismo. Todavía hay más trabajo que hacer después de “los bautismos”. Luego viene la tarea de enseñarles todo el consejo de Dios. Esta “enseñanza” no puede ser sólo académica, sino también por medio del ejemplo. Pablo dijo: “Así pues, les ruego que sigan mi ejemplo”. Nuestro hermano Pablo puso constantemente su vida como ejemplo a seguir, y nosotros humildemente debemos hacer lo mismo dando un buen ejemplo a seguir.

La iglesia se edifica dentro, y se propaga afuera. La iglesia es el cuerpo de Cristo, y dentro del cuerpo cada miembro funciona para bien y edificación de los demás miembros. Las reuniones de la iglesia no son para invitar a los inconversos y evangelizarlos sino para edificar a los hijos de Dios y capacitarlos para el trabajo del evangelio fuera. La función de la iglesia en el mundo es la reproducción y multiplicación del amor, verdad y vida de Dios por medio de discípulos que hacen discípulos.

REFLEXIONES

Apreciados amigos y hermanos:

Reciban un saludo especial de todo el equipo del Club la Cima en Bogotá, Colombia.

Como varios de ustedes saben, llevamos cerca de 6 años trabajando en el barrio Suba-Bilbao, una pequeña parte de esta ciudad. Aquí estamos sirviendo con niños, jóvenes y con sus familias a través del discipulado, el refuerzo escolar, actividades deportivas, enseñanza cronológica de la Biblia, el Club la Cima, y una congregación que ha sido fruto del trabajo.

Hace unas semanas atrás nos visitó una señora con mucho interés en conocer la obra y con un gran entusiasta deseo por participar en algo de lo que allí se hace con la gente. Para nosotros fue de mucho ánimo saber que alguien se interesara por involucrarse y querer servir a la comunidad. Al ir desarrollando la charla, especialmente sobre la manera en que enfocamos la enseñanza bíblica, la señora reaccionó negativamente al ver que no se trataba de resultados inmediatos sino de discipulado. Nos manifestó que ella era una fiel obrera con el sistema de la conocida “oración de fe”. Para ella, el tomar tanto tiempo para enseñar el camino de la fe no es tan efectivo y bueno. Nos explicó que no debía ser tan demorado. Según su criterio, debíamos aprovechar cualquier oportunidad para que las personas hicieran “la oración de fe”, y lo más pronto posible mejor.

Después de explicarle las razones de la dinámica del ministerio que llevamos, y que todo encaja dentro de un contexto de discipulado, la señora dirigió la conversación hacia otras cosas y luego se fue. Lastimosamente no volvimos a saber nada de ella ni de su interés por hacer algo en la comunidad.

Para este mes nosotros tenemos el privilegio de compartir con ustedes, nuestros apreciados compañeros en el ministerio, esta breve reflexión. Queremos tocar el tema sobre la gran importancia en el evangelismo de enfocarnos en “El Nacer De Nuevo” de la gente, en la transformación y en el discipulado.

Lastimosamente nuestra cultura cristiana continúa con un acentuado interés por desarrollar métodos rápidos y “microondas” de evangelismo con las personas. Poca convicción hay en enfocar el ministerio hacia el propósito de ayudar a las personas a ENTENDER el mensaje de salvación. Pareciera existir un ambiente en dos vías egoístas:

El primero es que el evangelista supuestamente cumplió con su trabajo al hacer que el receptor tomará “una decisión de fe”, independientemente de si entendió o no el mensaje. Lo único de importancia es llevar la persona a repetir unas palabras. La idea de “nacer de nuevo” pareciera ser un concepto extraño.

El segundo es que para el evangelista no le interesa la persona como individuo, sino como “uno más” en su lista de “almas ganadas”. Es triste, pero es lo que nos dejó el encuentro con la señora mencionada, el cual refleja la realidad de muchos ministerios.

La experiencia reciente que tuvimos con esta señora nos hizo recordar algunos de los principios del discipulado en la enseñanza de Cimientos Firmes. Con esta breve reflexión, les invitamos a repasar las páginas 183 y 184 en el libro “Las Lágrimas en el Camino de Mileto” bajo el título “¿Una decisión o un nacer de nuevo?”

Les animamos hermanos a seguir fielmente el camino trazado por el Maestro. No bajemos la guardia ni perdamos el rumbo. Dios, que es Fiel y Justo, dará todo Su sello de aprobación. Un abrazo.

Benjamín y Xulay Beltrán
Suba Bilbao, Bogotá, Colombia
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Páginas 183 y 184 del libro “Las Lágrimas en el Camino de Mileto”

¿Una decisión o un nacer de nuevo?
Mucho evangelismo de hoy pone su énfasis en “una decisión” para recibir a Jesús. ¡Pero cuántos han “tomado una decisión” sin experimentar un nuevo nacimiento! Si leemos con cuidado y entendimiento Juan 2:22 a 3:16, veremos que en ningún momento Jesús buscaba que la gente tomara “una decisión”, como es costumbre hoy. Al contrario, en la última parte de Juan capítulo 2, dice que muchos creyeron en él al ver las señales milagrosas que hacía. Pero Jesús no confiaba en ellos. Jesús conocía el corazón de la gente y sabía que estaban interesados en los milagros que hacía, pero no en el significado y propósito de ellos. La gente creyó en Él, pero su “fe” no era una fe relacionada a la salvación.

Aquí hay un principio que no debemos descuidar. Hermanos, no se dejen llevar por el tradicionalismo por más popular que éste sea. Es mejor ser sabios y realistas, que necios y populares. Muchos grupos evangelísticos e iglesias buscan, por cualquier medio, que la gente “crea en Jesús” para luego “tomar su decisión” de recibir a Jesús en su corazoncito. Pero no toda fe es fe salvadora.

REFLEXIONES

Queridos y respetados hermanos:

Desde Venezuela escribo nuevamente. Saludos a todos y cada uno de ustedes. Hermanos: gracias, muchas gracias por sus oraciones a favor de nosotros y a favor de los demás hijos de Dios en este país muy necesitado de Dios.

Me es un gran privilegio hacerles llegar estas RELEXIONES para este nuevo mes de julio. Mi deseo es que estas líneas sean de edificación para sus vidas y para sus servicios. ¡ÁNIMO con lo que viene a continuación, y gracias por los comentarios que aportan cada mes que son de ayuda y apoyo para los demás de este equipo tan especial!

En las REFLEXIONES del mes pasado compartía lo muy desalentador que ha llegado a ser la situación crítica que vive nuestro país. También compartía lo muy bueno que ha sido para mi persona recibir ánimo por medio de varios hermanos que sabiamente me escucharon y me alentaron con su ejemplo y sus palabras.

El acompañamiento que estos muy apreciados hermanos me han dado me hizo ver una dinámica real y viva en la Iglesia del primer siglo donde vemos a los “ovejeros” (“dirigentes” o “pastores”) y los hermanos ayudando y apoyando los unos a los otros. En estos días tan difíciles en mi vida, ha sido de gran ánimo, ayuda y edificación contar con estos hermanos que, con amor, dedicación, comprensión y cuidado me ayudaron a reenfocar mi perspectiva, a rectificar mi actitud y a seguir adelante con mi llamado y servicio para Dios. De igual manera puedo hacer lo mismo para apoyar, ayudar y bendecir a otros. ¡Esto debe ser “normal” en el pueblo de Dios y es esencial entre nosotros que servimos como “ovejeros”!

Al estar meditando sobre mi propia experiencia con las dificultades críticas, los retos, las pruebas y los desánimos en estos días en nuestro país, y a la vez reflexionando en cómo varios hermanos me ministraron, me hizo considerar varios pasajes bíblicos en el contexto de la iglesia primitiva. Allí me quedé pensando en una dinámica y un principio que observamos de “ovejeros” (“pastores”) apoyando y ayudando los unos a los otros.

Al meditar sobre este tema, me di cuenta que es un impulso que siempre implica la INICIATIVA PROPIA y una consciencia para pensar fuera de uno mismo y de su propio cuadro ministerial. Estas disciplinas fueron practicadas en la vida del apostol Pablo y en las vidas de sus discípulos. Pienso que nos deja un gran reto que es a la vez una gran bendición tanto para el que recibe como también para él que da.

Continuando en la lectura del libro de nuestros hermanos Ricardo y Eunice “Las Lágrimas en el Camino de Mileto”, en las páginas 480-482, aunque el enfoque aquí está principalmente en los misioneros, veo unos pasos muy prácticos para nosotros los pastores relacionados a este tema y que pueden ser de bendición para nuestras vidas si los aplicamos. ¡Dios los bendiga!

Su consiervo,

Alfredo Hernández

Maracaibo, Venezuela

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(“Las Lágrimas en el Camino de Mileto”, páginas 480-482)

Hermanos, especialmente a ustedes los ovejeros, les pedimos poner atención en este asunto. No deben estar inactivos, esperando hasta que un hermano se desanime, para iniciar su servicio. Pueden ser proactivos y pensar en animar a los hermanos, no sólo estar dispuestos a reanimarlos cuando ya hayan caído. Los misioneros necesitan el ánimo de sus iglesias. Ustedes los pueden animar de muchas maneras.

Hay un sinfín de situaciones que pueden traer una nube oscura de desánimo o desilusión sobre los misioneros. Cuando han estudiado el idioma y la cultura desde la madrugada hasta noche, durante toda la semana, y terminan más confundidos que cuando iniciaron. Cuando hay discordia en el equipo y el misionero se siente burlado, ridiculizado o ignorado por sus compañeros. Cuando se siente inútil, o peor, cuando la gente o su equipo hacen que se sienta inútil. Cuando sus mejores esfuerzos no son valorados o su muestra de amor es rechazada.

Los misioneros, como todos, tienen necesidad de una perspectiva amplia, eterna y que ponga las etapas de desilusión y desánimo en un contexto donde estas etapas puedan ser “aceptadas” en el cuadro grande de la vida. Unos hermanos son más aptos que otros para reajustar su perspectiva en un tiempo de desánimo, y seguir adelante sin resentimiento.

Pero hay otros hermanos que se desaniman más fácilmente, y si no reciben ayuda, pueden agregar a su desilusión y desánimo el veneno de la amargura y el resentimiento.

Una dinámica que existe en el campo misionero, entre muchos equipos, es que cuando las cosas se ponen difíciles, uno no puede “escapar” o apartarse de sus hermanos. Se tiene que trabajar íntimamente con ellos, resolver los conflictos, y tratar con los desánimos. El estado de ánimo de cada miembro del equipo afecta a los demás. El equipo tiene que funcionar para que cada quien sea edificado, apoyado, alentado y animado por los demás. Por lo menos, así debe ser. Debemos ver estas dinámicas y actitudes funcionando en nuestras iglesias también.

Desafortunadamente en ocasiones lo que vemos en la iglesia es apatía. Cuando uno se desanima, podría estar desanimado debido a su inmadurez, por una cosa insignificante, por algo grande o incluso por el pecado de otro. Su desánimo lo lleva a actitudes negativas y destructivas, y se puede ir sin que nadie haga nada para restaurarlo. No debería ser así. Aunque las dinámicas en la congregación son diferentes a las de un equipo en el campo misionero, las preocupaciones y actitudes deben ser parecidas. Por lo tanto, debemos funcionar para que cada quien sea edificado, apoyado, alentado y animado por los demás.

Así que hermanos dirigentes, piensen en estos asuntos. Las dinámicas en el campo misionero que “impulsan” (o que deberían impulsar) a los hermanos misioneros para tratar apresuradamente con los asuntos, para rectificar sus actitudes y sus perspectivas, son las mismas dinámicas que deben ser fomentadas en la vida de la congregación.

¿En la iglesia no debería funcionar de esa manera? Se necesita cuidado pastoral activo en la iglesia y en el campo. Las congregaciones necesitan ánimo. Los misioneros necesitan ánimo. Necesitamos hermanos que busquen la manera de animar, ayudar y alentar a los demás.

¿Hay hermanos en la congregación luchando con situaciones de desánimo? Hermanos líderes, ¡pónganse las pilas! Hay que buscarles y servirles de la mejor manera posible. No siempre podrán lograr el éxito pero siempre deben hacer lo mejor que puedan. Estas experiencias les servirán para ayudar, de manera más efectiva, en los casos que puedan nacer en el campo misionero.

REFLEXIONES

Saludos desde Venezuela a todos apreciados hermanos que mes a mes pueden leer estas líneas, Esperamos que sean de bendición a sus vidas y que puedan contribuir a lo que cada uno está haciendo para la gloria de Dios.

Agradecemos a Dios por las vidas de las personas que nos animan y que nos ayudan. En estos días de tantas pruebas en nuestro país (Venezuela) estoy reconociendo de una manera nueva para mí, la importancia de la función del cuerpo de Cristo.

Muchos saben de la profunda crisis que hay hoy en día en nuestro país a causa de una fuerte polarización política. La economía, la salud, la alimentación y sobre todo los buenos valores están muy atacados. Eso ha hecho que la corrupción esté impregnada en muchos círculos de la sociedad. Como Iglesia en Venezuela, coincidimos que hay un gran peso espiritual en toda esta situación y oramos para que Dios siga usando a sus hijos para mostrar su amor y misericordia a tantos que están buscando una solución.

Este asunto en particular estuvo afectándome mucho al estar viendo las protestas recientes, las muertes, producto de la violencia y de los abusos. La indignación y el dolor profundo que hay por ver a uno de los países con más riquezas en el mundo, ser tan pobre hasta en las cosas más básicas como el respeto entre ciudadanos nos dan una gran tristeza. Todo eso, entre otras cosas más llegó a tenerme agobiado, con mucha tristeza, con desánimo, tanto que algunas cosas como el valioso tiempo con Dios, familia y congregación estaban siendo muy afectados. Toda la situación me llevó a verme a mí mismo y darme cuenta que mi perspectiva tenía que ser re-enfocada. Me di cuenta que mi familia y congregación en cierta forma estaban siendo desanimadas por mí.

Dios usó a unos hermanos quienes me escucharon, me animaron y me ayudaron a ver lo que no estaba bien de mi parte y a tomar los correctivos necesarios para seguir. Estoy agradecido con Dios y con ellos al ver la dinámica del ánimo, este elemento que debemos tener y fomentar en nuestras congregaciones y a favor de los enviados (misioneros). Es importante y vital también que como líderes o pastores nos ayudemos los unos a los otros. Mi propia lucha en estos días me hizo reflexionar en la importancia de este asunto.

Esta introducción personal nos lleva a meditar sobre una breve porción de la carta (libro) de los hermanos Ricardo y Eunice que trata con este asunto del ánimo (relacionado con los misioneros).

“Mucho de la desilusión y el desánimo, se relaciona con esperanzas, expectativas o ilusiones que se están deshaciendo. Para levantarse y seguir adelante, un elemento esencial y necesario es tomar una nueva perspectiva. A veces hay situaciones que son tan negativas y desalentadoras que pueden dejar a cualquier hermano sin esperanza y sin fortaleza.

Tanto en la iglesia como en el campo, lo que necesitan los hermanos desanimados, no es a alguien que los trate de convencer de que “todo va a salir bien” o que “no deben preocuparse tanto”. Necesitan hermanos sabios que los puedan guiar (pastorear) en la aplicación de los principios bíblicos desde la crisis hacia una perspectiva correcta, reubicándolos en su posición en Cristo.

En las situaciones totalmente negativas, a veces el ánimo que uno necesita se encuentra a través del hermano que está dispuesto a escuchar con sabiduría. A veces se necesita a alguien con quien compartir las cargas, alguien con quien se pueda orar y con quien pueda estar en medio de la tormenta.
Hermanos, especialmente a ustedes los ovejeros, les pedimos poner atención en este asunto. No deben estar inactivos, esperando hasta que un hermano se desanime, para iniciar su servicio. Pueden ser proactivos y pensar en animar a los hermanos, no sólo estar dispuestos a reanimarlos cuando ya hayan caído. Los misioneros necesitan el ánimo de sus iglesias. Ustedes los pueden animar de muchas maneras”.
Tomado del libro Lágrimas en el Camino de Mileto — páginas 479-480

Dios los bendiga, su consiervo,
Alfredo Hernández
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REFLEXIONES

En las REFLEXIONES del mes pasado, nos enfocamos en el primero de dos enfoques relacionados con la buena FUNCIÓN de la iglesia.

 

Queremos agradecer a los pastores y líderes en Venezuela, incluyendo los organizadores de los talleres de Discipulado Cimientos Firmes — Juan Elías, José Marcano, Aner Gonzales, Alfredo Hernández y Oscar Tovar, por su ánimo enfatizando este tema tan importante para el bienestar de todas nuestras congregaciones.

 

El mes pasado vimos:  El enfoque y función dentro de la congregación.

 

En esta REFLEXIONES vamos a ver el segundo enfoque:  El enfoque y función de la iglesia fuera de la congregación . 

 

El enfoque y función de la iglesia fuera de la congregación

El segundo enfoque se centra en el discipulado en campos fuera de la iglesia. Lo vimos en Hechos 1:8, “…recibirán poder y saldrán a dar testimonio de mí, en Jerusalén, en toda la región de Judea y de Samaria, y hasta en las partes más lejanas de la tierra”. En Mateo 28:19-20 dice, “Vayan, pues, a las gentes de todas las naciones, y háganlas mis discípulos; bautícenlas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enséñenles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Por mi parte, yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo”. La segunda función de la iglesia es la labor intensa y difícil de hacer discípulos de otras gentes, de las que hoy ni siquiera son creyentes.

 

A veces hay tanta anemia en las iglesias que el único “discipulado” que se conoce es el de tener estudios, charlas y cultos con el tema sobre “el discipulado”. Estudios, estudios y más estudios sobre el discipulado, pero el número de discípulos no aumenta. Luego, si acaso hay algún movimiento fuera entre los no creyentes, ¡se les reparten    folletos o invitaciones para luego participar otra vez en lo mismo, un culto! Hermanos, ésta es una vergonzosa confusión y ciclo vicioso inútil.

 

Debemos evaluar el trabajo en el cual la iglesia está involucrada, dentro y fuera. Debemos revisar el significado y las implicaciones de lo que realmente es un discípulo.

 

Entonces, el segundo enfoque de la iglesia es el trabajo estratégico del discipulado, haciendo discípulos de toda lengua, tribu y nación. Ese trabajo y propósito en la función de la iglesia requiere seriedad, entrega, compromiso y trabajo a largo plazo. Eso no se hace con campañas y cruzadas. Es un esfuerzo que se hace en cuatro esferas a la vez; en su propia localidad, en las partes circunvecinas, en las comunidades más retiradas, y hasta las partes más lejanas de la tierra.

 

Cuando se trata del discipulado transcultural, se requiere una buena capacitación misionera y un buen equipo. Luego se requieren años de trabajo en la adquisición del idioma y la cultura para poder trabajar adecuadamente con la gente en su propia lengua y en su propia forma de pensar. Se requieren años invertidos en la preparación de lecciones bíblicas, alfabetización, traducción bíblica entre otras labores. En muchos casos estamos hablando de un plan de trabajo y compromiso de la iglesia de 20 a 25 años, o más.

 

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Para los que no tuvieron oportunidad de leer la primera parte de esta REFLEXIÓN que apareció el mes pasado, la estamos incluyendo aquí abajo:

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El enfoque y función dentro de la congregación

Podemos resumir la función de los hermanos en dos enfoques.  El primero es servir para edificar, ayudar, bendecir y animar a los demás miembros del cuerpo  de  Cristo. Cada  miembro,  por  medio de sus dones y capacidades debe buscar cómo emplearlos para bien de los demás. Una palabra de ánimo; ustedes que han sido dotados con habilidades de liderazgo: no encontrarán su potencial como líderes sino hasta que se hayan enfocado y dedicado a ayudar a los demás a llegar a su máximo potencial.

 

En la carta de nuestro hermano Pablo enviada a los Romanos, él escribió lo siguiente para dar entrada al tema de los dones: “Así que, hermanos míos, les ruego por la misericordia de Dios que se presenten ustedes mismos como ofrenda viva, consagrada y agradable a Dios. Este es el verdadero culto que deben ofrecer. No vivan ya según los criterios del tiempo presente; al contrario, cambien su manera de pensar para que así cambie su manera de vivir y lleguen a conocer la voluntad de Dios, es decir, lo que es bueno, lo que le es grato, lo que es perfecto”. (Romanos 12:1-2) Estas actitudes y dinámicas, cuando son vivas y activas en una congregación, dan vida y ánimo a los enfoques, propósitos y funciones de la iglesia.

 

Cuando todo el cuerpo esté sirviendo, allí estará la iglesia. Y cuando la iglesia está funcionando bien internamente, podrá realizar su trabajo externamente de manera productiva.

Ricardo y Eunice

REFLEXIONES

Durante los primeros meses del 2017, varios pastores venezolanos, líderes claves en el país, se coordinaron con el pastor Juan Elías Salas en la organización de dos talleres sobre el Discipulado Edificando Sobre Cimientos Firmes. Juan Elías, Alfredo Hernández, Oscar Tovar y nosotros tuvimos el privilegio de servir juntos en dos entrenamientos que incluyeron unos cien líderes representando 34 iglesias nacionales.

Un tema de interés enfatizado por varios de los pastores fue sobre el enfoque y la función dentro de las congregaciones. Entonces en las REFLEXIONES estamos tocando varios asuntos relacionados a este tema.

Que Dios los bendiga nuestros queridos y apreciados hermanos y consiervos — un gran equipo sirviendo en muchos lugares y ministerios diferentes pero compartiendo los mismos valores y principios. Damos mucha importancia a sus vidas. ¡ÁNIMO!

El enfoque y función dentro de la congregación
Podemos resumir la función de los hermanos en dos enfoques. En esta REFLEXIONES vamos a considerar el primero de los dos, El enfoque y función dentro de la congregación. En la siguiente REFLEXIONES veremos el segundo, El enfoque y función de la iglesia fuera de la congregación.

El primero es servir para edificar, ayudar, bendecir y animar a los demás miembros del cuerpo de Cristo. Cada miembro, por medio de sus dones y capacidades debe buscar cómo emplearlos para bien de los demás. Una palabra de ánimo; ustedes que han sido dotados con habilidades de liderazgo: no encontrarán su potencial como líderes sino hasta que se hayan enfocado y dedicado a ayudar a los demás a llegar a su máximo potencial.

En la carta de nuestro hermano Pablo enviada a los Romanos, él escribió lo siguiente para dar entrada al tema de los dones: “Así que, hermanos míos, les ruego por la misericordia de Dios que se presenten ustedes mismos como ofrenda viva, consagrada y agradable a Dios. Este es el verdadero culto que deben ofrecer. No vivan ya según los criterios del tiempo presente; al contrario, cambien su manera de pensar para que así cambie su manera de vivir y lleguen a conocer la voluntad de Dios, es decir, lo que es bueno, lo que le es grato, lo que es perfecto”. (Romanos 12:1-2) Estas actitudes y dinámicas, cuando son vivas y activas en una congregación, dan vida y ánimo a los enfoques, propósitos y funciones de la iglesia.

Cuando todo el cuerpo esté sirviendo, allí estará la iglesia. Y cuando la iglesia está funcionando bien internamente, podrá realizar su trabajo externamente de manera productiva.

En la siguiente REFLEXIONES veremos el segundo enfoque y función de la iglesia fuera de la congregación.

Ricardo y Eunice.

Reflexiones

No debemos pensar que nuestras iglesias están en una buena formación sólo porque los hermanos son activos. No por el hecho de que durante la semana hay varias reuniones en el “templo”, grupos reuniéndose en “células” o casas, estudios bíblicos, un coro que parezca profesional y que ensaya tanto para gratificar a la gente los domingos, etc. quiere decir que tenemos una iglesia que funciona. Ser activo es una cosa, funcionar es otra.

Hermanos, para ustedes que tienen una función cómo líderes, aquí hay una pregunta: ¿Están invirtiendo más tiempo preparándose para los sermones y las reuniones que el tiempo invertido ayudando al cuerpo a funcionar, trabajando realmente CON los hermanos? 

No es lo mismo, aunque para los líderes de las iglesias religiosas y tradicionales es la misma cosa. Para ellos “la función” correcta es que el pastor trabaje en el templo o “para” la congregación, y que los congregantes le den su apoyo, alabanza, reconocimiento y agradecimiento. Pero entre ustedes no debe ser así. Dentro de las reuniones y fuera de ellas, todos los hermanos deben de estar funcionando.

Dios los bendiga, a todos y cada uno en sus buenos trabajos de discipulado.  Damos gracias a Dios por sus vidas.  ANIMO!!!!

Ricardo y Eunice